El modo en que los sacerdotes de la Archidiócesis de Toledo hicieron presente a Dios en Urda, en el lugar del choque de trenes, en los hospitales y atendiendo a los familiares, fue una muestra de la buena salud espiritual de su clero.
El P. Miguel Garrigós, vicario para el Clero de la Archidiócesis Primada, subrayó a EWTN News Español que, en estas circunstancias, “sólo la presencia del sacerdote te habla de Dios”.
Entre los primeros en llegar al lugar de la colisión de los dos trenes de alta velocidad, se encontraban los párrocos de Urda, los Yébenes, Consuegra, Villacañas o Madridejos. Allí ofrecieron desde la absolución general extraordinaria en peligro de muerte hasta el socorro físico más básico, siguiendo las indicaciones del personal sanitario.
Pronto llegó el turno de los sacerdotes encargados de atender a los enfermos del Hospital Universitario de Toledo, a donde fueron trasladados la mayoría de los heridos, muchos de ellos en estado crítico.
Su labor consistió en “escuchar a todas las familias y a los heridos. Y esa misma tarde nos empiezan a llamar para confesar, dar la comunión a los enfermos”, describe Garrigós. En esos dos lugares, las primeras 24 horas fueron de una intensidad espiritual difícilmente descriptible.
Pronto surgió la necesidad de alojar a los familiares de los heridos y desaparecidos, que llegaban a Toledo desde diferentes puntos llenos de angustia, incertidumbre y temores. La Archidiócesis puso a disposición la Casa de Ejercicios diocesana Buen Pastor, situada cerca de la Comandancia de la Guardia Civil y del Instituto Anatómico Forense de Toledo.
“El Señor, como siempre, lo coloca todo”
Su directora, Marta Gómez, detalla a EWTN News Español que fue providencial que la casa estuviera tuviera lista para esta acogida: “Lo normal es que nosotros hubiésemos terminado de preparar las habitaciones, el jueves por la tarde o el viernes por la mañana. Providencialmente, esa semana no había nadie” y se organizó todo con más antelación. “Cuando nos contactaron, estaban las 105 camas hechas y todas las zonas comunes, comedores y demás” listas para ser usadas. También “la capilla, que es donde está el Señor”, subrayó Gómez.
La casa iba a ser ocupada el fin de semana por la Asociación Juan XXIII, un apostolado de origen peruano con implantación en la diócesis toledana, que iba a realizar uno de sus retiros espirituales. La asociación renunció a usar las instalaciones para priorizar la atención a los familiares de las víctimas, algunos de los cuales llegaron de madrugada.
“El Señor, como siempre, lo coloca todo. Ellos entendieron que ese fin de semana era para las familias”, incide la directora.
En paralelo, y ante la dimensión de las necesidades, se fueron haciendo presentes sacerdotes de formas espontánea. También el Arzobispo de Toledo, Mons. Francisco Cerro, y su auxiliar, Mons. Francisco César García Magán quien realizó una Hora Santa en la capilla, que se llenó y donde “abrazó personalmente a cada uno”, subraya Gómez.
“No podemos estar, pero rezamos por vosotros”
El P. Garrigós trató de organizar turnos para asegurar esa asistencia de forma más estable, creando un grupo de WhatsApp al que se apuntaron 45 personas: una misionera de la caridad, un diácono permanente y 43 sacerdotes.
Allí estuvieron cubriendo turnos. “En Toledo por suerte hay muchos y muy buenos sacerdotes y han dado apoyo desde lo más práctico —servir las mesas, limpiar los baños, hacer alguna cama— hasta cuidar de la necesidad de calmar espiritualmente”, describe Gómez.
Era sacerdotes llegados de cerca y de lejos de Toledo, recién ordenados y con larga trayectoria pastoral. “Y los que no podían venir, nos han escrito diciendo: ‘No podemos estar, pero rezamos por vosotros. Os sostenemos con nuestra oración. Ha sido precioso, la verdad’”, añade el P. Garrigós.
“Un diez para tus curas”
Según las estadísticas ofrecidas por la Conferencia Episcopal Española, la Archidiócesis de Toledo tiene algo más de 500 sacerdotes, de los cuales unos 300 desempeñan encargos pastorales en la diócesis. Además, cuenta con uno de los seminarios mayores más nutridos de toda España.
El P. Garrigós se muestra especialmente satisfecho por el celo pastoral mostrado por todos sus compañeros de sacerdocio, quienes también le han trasladado que se sentían “agradecidos de poder haber ayudado en medio de tanto dolor y haber hecho presente el amor del Corazón de Jesús en esa situación tan complicada”.
Esto no ha pasado desapercibido. Un familiar de los afectados por los trenes, haciendo alusión al nombre de la casa diocesana de ejercicios, el Buen Pastor, le dijo a Marta Gómez: “Está pastoreado perfectamente: toda esta situación y todo este rebaño de sus hijos”.
Otra mujer, aparentemente alejada de la fe, le aseguró por su parte: “Yo no entiendo de esto, pero da gracias a los sacerdotes, o curas, o como se llamen. Si no hubiese sido por ellos, no sé qué hubiera sido esto”.
El vicario para el Clero recuerda con sano orgullo, por su parte, las palabras de una voluntaria de Caritas: “Un diez para tus curas. Han hecho presente a Dios en la casa”.