“¿Si Dios falta en tu vida, a dónde te vas a agarrar?”: el párroco de Urda tras la tragedia

Con el corazón encogido y conteniendo las lágrimas durante parte de la homilía, el párroco de la Basílica del Santísimo Cristo del pueblo de Urda, Toledo (España), el P. José Miguel Fernández, presidió este mediodía una Misa en sufragio por las víctimas del devastador accidente ferroviario que deja ya 69 fallecidos.

El párroco de Urda, José Miguel Fernández, una de las localidades próximas al lugar de la tragedia durante la Misa. Crédito: Nicolas Cárdenas/ EWTN News.
El párroco de Urda, José Miguel Fernández, una de las localidades próximas al lugar de la tragedia durante la Misa. Crédito: Nicolas Cárdenas/ EWTN News.

El sacerdote recibió la noticia cuando se encontraba en Toledo atendiendo asuntos eclesiásticos. Fue el propio arzobispo, Mons. Francisco Cerro Chaves, quien le comunicó el siniestro que había golpeado a su pueblo.

Más de veinticuatro horas después del choque brutal entre los dos trenes, el párroco compareció ante los fieles profundamente afectado, pero también decidido a transmitir un mensaje de fe y esperanza.

Durante la homilía, reflexionó sobre la necesidad de mantener a Dios en el centro de la vida, especialmente en los momentos de sufrimiento más extremo.

Recordó una conocida anécdota atribuida a un santo a quien una madre preguntó dónde estaba Dios tras la muerte de su hijo. “En la habitación de al lado”, respondió. “¿Pero tú le has cerrado la puerta?”, añadió.

El párroco de la Basílica del Santísimo Cristo de Urda, José Miguel Fernández, pudo acompañar a algunos heridos ya sus familiares tras la tragedia. Crédito:Nicolás Cárdenas/EWTN News.
El párroco de la Basílica del Santísimo Cristo de Urda, José Miguel Fernández, pudo acompañar a algunos heridos ya sus familiares tras la tragedia. Crédito:Nicolás Cárdenas/EWTN News.

A partir de esa historia, el sacerdote lanzó una pregunta que resonó con fuerza en el templo: “¿Si Dios falta en tu vida, si Dios no es el principal, a dónde te vas a agarrar?”.

Según explicó, cuando se aparta a Dios del horizonte personal “perdemos lo importante que es la esperanza” y aparece la desesperación. “No encontraremos consuelo cuando nos suceden cosas como las que ayer vivimos. No tendremos rumbo en nuestras vidas”, advirtió.

El párroco evocó también algunas escenas vividas junto a las víctimas y sus familiares en las horas posteriores al accidente. Recordó especialmente el encuentro con una mujer herida a la que se acercó para preguntarle si necesitaba algo. La respuesta fue sencilla y conmovedora: “Siéntese y cójame de la mano”.

“Me pidió simplemente que le apretara las manos durante un rato. Después me dijo: ‘Gracias. Ahora rece usted por nosotros, por nuestras familias y por las que hayan fallecido’”, relató.

Para el sacerdote, ese gesto reflejó la importancia de la cercanía humana en medio del sufrimiento y la capacidad de la fe para sostener a quienes atraviesan momentos límite.

“¡Qué buena es la esperanza!”, exclamó durante la homilía. En este sentido, destacó la movilización de vecinos, voluntarios y equipos de emergencia que se volcaron desde los primeros momentos para ayudar a las víctimas. “No sé si lo hicimos bien o no lo hicimos, pero lo hicimos. Eso es lo importante”, afirmó.

Dirigiéndose a los fieles, recordó que los cristianos están llamados precisamente a ser portadores de esperanza. “Nosotros que tenemos fe, nosotros que sabemos que la vida no termina cuando pasamos de este mundo al otro, sino que continúa, tenemos que dar ese aliento de esperanza”, aseguró.

Como ejemplo de esa esperanza en medio de la tragedia, relató el caso de uno de los heridos graves que ayer fue dado prácticamente por moribundo. Antes de ser evacuado, pudo hablar con su esposa gracias a la ayuda de Antonio, un farmacéutico de la localidad que participó en el rescate. En aquella conversación, el herido le pidió que cuidara de sus hijos y le recordó que “Dios es bueno”.

La historia tuvo un desenlace feliz e inesperado. “Esta mañana Antonio ha vuelto a recibir una llamada de este señor para decirle: ‘Estoy vivo, estoy vivo’”, contó emocionado el sacerdote.

“Eso es la esperanza”, concluyó el párroco, en una homilía marcada por el dolor de una comunidad golpeada por la tragedia, pero también por la convicción de que la fe y la solidaridad pueden abrir camino incluso en las circunstancias más oscuras.

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