Hay una imagen que parece acompañar silenciosamente el regreso de León XIV al Perú: la Cruz. No es solamente una coincidencia de lugares o devociones. El próximo viaje apostólico del Papa lo llevará a encontrarse con expresiones profundamente arraigadas de la fe peruana: el Señor de los Milagros, el Señor del Costado y, en Cusco, la memoria del Señor de los Temblores. Y junto a la Cruz aparece María: Nuestra Señora de la Paz y la Virgen Inmaculada.
Del 11 al 16 de noviembre, León XIV volverá al país donde fue misionero, sacerdote y obispo. Su recorrido puede leerse desde una pregunta esencialmente cristiana: ¿Qué significa contemplar la Cruz de Cristo y aprender de ella a amar?
La Cruz: no un símbolo, sino Cristo
El 19 de octubre de 2025, durante el Mes Morado, una imagen del Señor de los Milagros llegó a la Plaza de San Pedro. Al término del Ángelus, León XIV bendijo la imagen. Aquel gesto tuvo particular fuerza para un Papa que había vivido tantos años en el Perú. El Señor de los Milagros conduce a Cristo crucificado: al Hijo que, como enseña san Pablo, “me amó y se entregó por mí” (Ga 2,20).
La Cruz cristiana no es la exaltación del sufrimiento por el sufrimiento. Es la revelación del amor de Dios. En ella contemplamos a Cristo que se entrega libremente por la salvación del mundo.
Por eso León XIV, en la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz de 2025, recordó las palabras de san Pablo —“Yo sólo me gloriaré en la cruz de nuestro Señor Jesucristo” (Ga 6,14)— y llamó a la Cruz de Cristo “nuestra salvación”, “la esperanza de los cristianos” y “la gloria de los mártires”.
Robert Francis Prevost nació el 14 de septiembre de 1955, día en que la Iglesia celebra la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. No sería razonable convertir una fecha de nacimiento en explicación de su espiritualidad, pero sí puede contemplarse como una coincidencia cargada de significado.
Del Crucificado al Resucitado: una herida que permanece
El 14 de noviembre, León XIV celebrará la Eucaristía en Santa Cruz de Succhabamba, en Cajamarca, comunidad vinculada pastoralmente a sus años como obispo de Chiclayo. Allí se venera al Señor del Costado, Cristo Resucitado que conserva la herida de su costado.
En su mensaje a los sacerdotes con ocasión de la Jornada por la Santificación Sacerdotal de 2026, León XIV afirmó que el sacerdote sabe dónde encontrar la paz: “en el costado abierto del Señor Jesús”. Como enseña san Juan, del costado de Jesús brotan sangre y agua (cf. Jn 19,34): signo de una vida nueva que nace del sacrificio de Cristo. La Cruz y la Resurrección no pueden separarse.
Un Papa que vuelve a lugares donde aprendió a servir
También el Cusco conserva una memoria de Robert Prevost. El 22 de febrero de 2021, cuando era obispo de Chiclayo, participó en la ordenación episcopal de Mons. Lizardo Estrada y celebró en la Catedral del Cusco, a los pies del Señor de los Temblores.
El 15 de noviembre de 2026 regresará a la ciudad para encontrarse con los fieles y representantes de la piedad popular y rezar el Ángelus ante la Catedral.
De este modo, el viaje pone ante sus ojos tres expresiones de una misma fe: el Señor de los Milagros, el Señor del Costado y el Señor de los Temblores. Tres imágenes, tres historias, una misma contemplación: Cristo que se entrega, Cristo cuyas heridas permanecen y Cristo en quien un pueblo deposita su esperanza.
“Para ustedes soy obispo, con ustedes soy cristiano”
El pasado 10 de septiembre, al hablar a los nuevos obispos, León XIV recordó una expresión de san Agustín: “Para ustedes soy obispo, con ustedes soy cristiano” (Sermo 340, 1). Y añadió: “Caminemos con nuestro pueblo: oremos con ellos, escuchemos con ellos la Palabra, celebremos con ellos la Eucaristía. Busquemos con ellos cada día el rostro del Señor”.
Para León XIV el ministerio pastoral nace de permanecer con Jesús. “Para hablar de Él, necesitamos estar con Él; para guiar a su pueblo, debemos dejarnos guiar por Él cada día”, explicó a los obispos. Es una lógica profundamente eucarística: recibir a Cristo para aprender a darse con Cristo.
María: al pie de la Cruz, junto al Hijo
El Evangelio de San Juan sitúa a la Madre junto a la Cruz: “Junto a la cruz de Jesús estaba su madre” (Jn 19,25). María no sustituye a Cristo ni ocupa el lugar del Salvador. Permanece junto a Él.
El itinerario peruano de León XIV expresa también esta cercanía. El 13 de noviembre se encontrará con la comunidad eclesial en el Santuario de Nuestra Señora de la Paz y, al día siguiente, presidirá en la Catedral de Santa María el rito de coronación de la Virgen Inmaculada.
El 1 de octubre, al rezar el Rosario por la paz con los niños en la Gruta de Lourdes de los Jardines Vaticanos, León XIV les dijo: “Jesús y María […] nunca nos dejan solos y están siempre cerca de nosotros”.
El hilo morado
El Perú sabe mirar al Cristo de los Milagros en las calles. Sabe acompañarlo en silencio, llevar ante Él sus heridas, sus enfermos, sus familias, sus esperanzas. León XIV conoce esa fe desde dentro.
Ahora vuelve como sucesor de Pedro. Y su presencia puede ser una invitación a profundizar en aquello que la piedad popular ya anuncia: la Cruz no es el final de Cristo, sino el camino de su amor hasta la Resurrección.
La pregunta final no es solamente qué significa venerar una imagen de Cristo. Es una pregunta mucho más exigente: ¿reconocemos a Cristo en el hermano que sufre? ¿Permitimos que su Cruz transforme nuestra manera de amar? ¿Estamos dispuestos a seguirlo no solamente en la procesión, sino también en la vida?
León XIV regresará al Perú y encontrará nuevamente el morado de las calles, las imágenes veneradas y la fe de un pueblo que sabe ponerse en camino detrás del Señor. Pero la Cruz pide un paso más. No basta con llevarla.