Despiden a Sor Celina, clarisa de 94 años que falleció el día en que cumplía 75 en el convento

Sor Celina de Jesús, religiosa clarisa en Salvatierra (España), falleció el 12 de octubre a los 94 años, en el día en que cumplía 75 en el convento, tras cuatro décadas atendiendo la portería.

Nacida en 1932 en Yécora, un pueblo de Álava que entonces tenía unos 600 habitantes y hoy menos de 300, Sor Celina albergó en su más tierna infancia en anhelo de la vida religiosa, una vocación compartida con otra de sus hermanas, que falleció hace 12 años.

El 12 de octubre de 1951, a los 19 años, realizó su profesión solemne en la Orden de Santa Clara, bajo cuya regla vivió hasta el pasado lunes.

Al trascender su fallecimiento, sus hermanas de comunidad compartieron que a Sor Celina “le hacía ilusión ir a la Casa del Padre en el octavo centenario del tránsito de San Francisco”, que la Iglesia Católica celebra en 2026 con un Año Santo, tal y como informó la Diócesis de Vitoria en un comunicado.

“Era muy de celebrar todo, siempre gozosa, entusiasta”, destacan las religiosas, quienes subrayan que siempre se encargaba de recordar las fechas importantes para la comunidad.

Su bonhomía natural tal vez fue el don por el que las abadesas le encargaron atender el torno del convento, donde expresó el saludo franciscano, paz y bien, a lo largo de 40 años a todos los que se acercaban a realizar peticiones de oración y adquirir los dulces típicos de su obrador.

“Siempre con su constante sonrisa, sincera paciencia y dulce voz, fue el rostro amable que, durante más de cuatro décadas, año tras año, y especialmente en Navidad, aconsejaba a todos los visitantes sobre la alegría y felicidad de llevar una vida de oración”, reseña la diócesis.

“Amar a Dios por encima de todo y ser una buena hermana”

El funeral corpore insepulto se celebró en la tarde del 13 de octubre en la capilla del Monasterio de Salvatierra, ceremonia al que asistió Jesús, hermano de la religiosa.en la tarde del 13 de octubre en la capilla del Monasterio de Salvatierra, ceremonia al que asistió Jesús, hermano de la religiosa.

Durante la homilía, se destacó que el caso de Sor Celina y su hermana Charo no fue el único en su pueblo. Junto a ellas, otras dos parejas de hermanas ingresaron en Salvatierra en los años 50 del siglo XX: Ángeles y Teresa; Corazón e Inmaculada.

“A nosotros nos puede parecer que una vida así es un destino pobre”, se señaló, pero “los que conocimos de cerca aquellas personas podemos asegurar que ellas fueron felices”.

En los últimos días, le preguntaron a Sor Celina qué era lo más importante que había querido vivir en su vida a lo que contestó: “Amar a Dios por encima de todo y ser una buena hermana”. “Lo más importante para ella era estar a bien con Dios”, destacó el sacerdote que presidió la Misa.

En su desempeño en la portería, Sor Celina también atendía a quienes llegaban con humildad a pedir ayuda material para paliar las estrecheces de su vida: “No les daba dinero, pero sí les traía algo para comer y con ellos establecía una comunicación personal con toda naturalidad, como era ella, sin marcar distancias”. Y en lo que respecta a la venta de dulces, se sintió muy satisfecha de lograr entenderse con el datáfono para poder cobrar con la tarjeta bancaria.

“Se parecía un poco a San Francisco y a Santa Clara que veían a Dios en todo”

De ella destacó además que no guardaba “ni pizca de rencor en su corazón”, que era “detallista con sus hermanas” y que “daba mucha vida a la comunidad”.

“Ella amaba a Dios y a sus hermanas de comunidad y amaba también lo que nacía de Dios: la creación, la naturaleza, el invierno, el verano, la primavera con todo su esplendor y el otoño con la belleza que queda después de haber producido el fruto. Se parecía un poco a San Francisco y a Santa Clara que veían a Dios en todo y ello era motivo de alabanza”.

“Con sus 94 años Celina estaba abierta a la vida, admirablemente, siempre con un bolígrafo en el bolsillo con un papel que sobraba por ahí para coger notas de algo que había escuchado y que había despertado en ella algún interés”, se añadió.

«Nos haría bien aprender de ella a tener un proyecto en la vida. Uno y no muchos. Un proyecto que sea como la columna vertebral que mantenga en pie todo lo que hacemos”, concluyó.

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