El año pasado murieron 3.318 personas en las cárceles brasileñas. “La cárcel es un fracaso del Estado, pero es un fracaso intencional: el sistema cumple muy bien su función punitiva, pero no la de rehabilitación y formación”, explicó a los medios vaticanos el padre Gianfranco Graziola, misionero originario de Trento, en Italia, quien lleva veinte años trabajando en la Pastoral Carcelaria brasileña