Buriatia es el corazón del Asia siberiana, una tierra de fuertes contrastes: las temperaturas que bajan hasta 40 grados bajo cero se compensan con el calor y la hospitalidad de los habitantes, mientras monasterios budistas y lugares de culto chamánico conviven junto a laos iglesias cristianas. En este mosaico de pueblos y de fe, las hermanas dominicas se han convertido en un signo visible de la presencia de Jesucristo y en protagonistas activas del diálogo intercultural.