En su discurso de bienvenida a León XIV en el Palacio del Elíseo, el presidente francés Emmanuel Macron presentó a Francia como un país profundamente espiritual. En el centro de esta espiritualidad se encontraban el papel del laicismo, el diálogo entre creyentes y no creyentes, la defensa de la libertad religiosa y la búsqueda de la paz, entendida como justicia, respeto a los derechos humanos y dignidad de los pueblos.