Las celebraciones de bodas, las fiestas de compromiso, las cenas de ensayo y los discursos de los padrinos llenan el calendario a lo largo del año. En medio de la alegría, muchas personas siguen buscando sinceramente a “la persona indicada”, ese compañero de vida con quien recorrer todas las aventuras y los días ordinarios de la existencia.
En una cultura que a menudo trata las relaciones como opciones desechables, centradas en las emociones, la sabiduría católica nos invita a algo más profundo: la búsqueda discernida y acompañada de la oración de una verdadera vocación.
El matrimonio es el viaje más trascendental de tu vida terrenal, y la persona que te acompañe determinará en gran medida el rumbo de ese recorrido. La pareja equivocada puede convertir incluso los caminos más tranquilos en una experiencia miserable. La persona adecuada transforma las dificultades en aventuras compartidas. A diferencia de la mayoría de las grandes decisiones de la vida, esta es una de la que no puedes simplemente alejarte una vez tomada. Puedes renunciar a un trabajo que no te gusta, mudarte a otra ciudad, encontrar nuevos amigos o cambiar de profesión. El matrimonio, según el designio de Dios, es para toda la vida. Es una decisión que está llamada a ser irrevocable.
Recordemos Matrix. Neo aprende a ver el código que funciona debajo de la ilusión del mundo que lo rodea. Encontrar un cónyuge digno de un “sí” para toda la vida requiere descifrar un código similar. Significa mirar más allá de las ilusiones superficiales de los sentimientos pasajeros, el encanto superficial o las expectativas culturales, para descubrir la realidad objetiva que se encuentra debajo. Descifrar este código no se consigue mediante los algoritmos de las aplicaciones de citas, sino a través de un discernimiento lúcido, arraigado en la razón, la atracción, la fe y la virtud.
Entonces, ¿cómo podemos discernir sabiamente y descifrar el código? He aquí una “matriz” práctica, inspirada en la filosofía, la teología y la experiencia vivida: siete elementos clave que quienes buscan a “la persona indicada” deberían considerar en la oración.
1. Una amistad entre iguales
Aristóteles hablaba de la forma más elevada de relación como una amistad fundada en la virtud, que existe entre iguales. Esto no significa tener ingresos o talentos idénticos, sino compartir la búsqueda del Bien, basada en el respeto mutuo y la admiración. ¿Se admiran el uno al otro? ¿Es una relación en la que ambos se ayudan a crecer y a mejorar, como expresa Proverbios 27,17: “El hierro se afila con el hierro”? ¿O uno de los miembros de la pareja domina mientras el otro cede hasta terminar quebrándose? Ambos deben comprometerse plenamente, con una reciprocidad auténtica.
2. Atracción interior y exterior
Los matrimonios saludables requieren atracción en todos los niveles: físico, emocional, intelectual y espiritual. No se trata de un enamoramiento superficial, sino de una profunda atracción por la persona en su totalidad, tal como Dios la creó.
3. Un tercero trascendente
Aristóteles señalaba que la verdadera amistad necesita algo más grande que impulse a ambas personas a mirar más allá de sí mismas. Fulton Sheen afirmó célebremente que para casarse hacen falta tres: el hombre, la mujer y Dios en el centro. Una fe compartida, una misión común o una vocación compartida proporcionan el vínculo que mantiene a la pareja orientada hacia algo que trasciende a ambos.
4. El nivel adecuado de intensidad
Los temperamentos complementarios tienen una importancia enorme. Algunas combinaciones dan vida; otras resultan agotadoras de manera constante. Observa cómo imaginan juntos una vida buena. ¿Sus diferencias generan una tensión fructífera que los ayuda a crecer o terminan provocando una ruptura? Incluso los pequeños hábitos cotidianos —como la reacción de una persona cuando le sirven un plato equivocado en un restaurante o cuando debe afrontar un pequeño retraso durante un viaje— suelen revelar patrones más profundos de flexibilidad, paciencia y comprensión.
5. La vocación
¿Esta persona te ayudará a llegar al cielo? El propósito último de un matrimonio sobrenatural es ayudar al cónyuge a alcanzar la santidad. ¿Percibes una auténtica llamada de Dios a recorrer juntos el camino de la vida? No se trata simplemente de experimentar emociones intensas, sino de escuchar esa “voz suave y apacible” que transmite una paz y una convicción sobrenaturales.
6. La capacidad de entregarse al otro
Amar significa querer y actuar buscando el bien del otro. Ambos miembros de la pareja deben demostrar la capacidad de pensar y actuar de manera desinteresada. Cuando falta la entrega personal, el egoísmo ocupa ese vacío y erosiona lentamente la relación, convirtiéndose en la antítesis misma del amor cristiano.
7. Un aprecio profundo y genuino
Más allá de los compromisos formales o de la conveniencia, ¿se aprecian verdaderamente el uno al otro? Esta profunda estima y alegría por la presencia del otro se convierten en el vínculo que mantiene unida a la pareja durante las pruebas, los triunfos, las aventuras y la monotonía de la vida cotidiana.
Esto evoca el amor entregado que aparece en La princesa prometida, donde se revela que la respuesta constante de Westley a Buttercup, “Como desees”, significa en realidad “Te amo”. Sus palabras se demuestran mediante el sacrificio, la perseverancia y un compromiso heroico. Apreciar verdaderamente al cónyuge consiste en vivir ese constante y fiel “como desees”: una elección diaria de anteponer el bien de la persona amada en cada etapa de la vida.
Discernir el matrimonio no consiste en buscar la perfección —ninguno de nosotros es perfecto—, sino en buscar claridad, compatibilidad, virtud y la llamada de Dios. Tómate tu tiempo. Reza. Busca el consejo de personas sabias. Observa cómo evoluciona la relación a lo largo de las distintas etapas, no solo durante los momentos deslumbrantes del comienzo.
El compañero adecuado no elimina todas las dificultades, pero convierte el camino en una experiencia sacramental: una senda hacia la santidad y la alegría que apunta al banquete de bodas definitivo.
Mientras las parejas se preparan para el matrimonio a lo largo del año, que quienes buscan a “la persona indicada” lo hagan con valentía, sabiduría y confianza en el Señor, que desea su felicidad y salvación. Este código de la matriz puede descifrarse con valentía, una intención profunda y la gracia de Dios.
Publicado originalmente en National Catholic Register. Traducido y adaptado por el equipo de EWTN News Español.