El Papa entrega la Rosa de Oro, “símbolo del filial amor del Papa a la Virgen María”, a la Virgen de la Almudena, en su tercera jornada de viaje apostólico a nuestro país. Animó a los fieles a “destruir muros” y ser “constructores de vínculos que restauren el lenguaje universal de la comunión”.
Con la asistencia de la Reina emérita Dª Sofía, así como autoridades civiles como la presidenta de la comunidad de Madrid o el alcalde de la ciudad, el Papa León XIV entregó la Rosa de Oro, “un símbolo de filial amor del Papa a la Virgen María”, a la Virgen de la Almudena. La patrona de Madrid se suma así a las advocaciones marianas en España que cuentan con ella, siendo la de la Macarena en Sevilla, la Virgen de la Cabeza en Jaén y la Virgen de Montserrat en Barcelona.
Esta entrega, que expresa el amor del Papa a la Virgen, y la ofrenda floral constituyeron el momento central del acto, antes de dirigirse al encuentro con la comunidad diocesana en el estadio de deportes Santiago Bernabéu.
Tras este gesto, se interpretó el himno, seguido de la oración a la Virgen de la Almudena, en un ambiente de profundo recogimiento. Asimismo, durante la oración, León XIV encomendó a la patrona de Madrid las comunidades cristianas de España, las familias, los jóvenes, las vocaciones y los frutos de su visita pastoral.
“EDIFICAR ALGO NUEVO”
“Para edificar algo nuevo, hermoso y duradero hay que estar dispuestos a destruir los muros”, les dijo el Santo Padre a los fieles congregados en la catedral madrileña, al mismo tiempo que les invitaba a superar las divisiones y les animaba a ser “constructores de vínculos que restauren el lenguaje universal de la comunión, el amor fraterno y la concordia”.
“Siguen existiendo muchas murallas que no protegen, sino que dividen”, señaló el Papa, invitando a superarlas con valentía para abrir nuevos horizontes.
Recibido por el cardenal arzobispo de Madrid y el cabildo catedralicio, en el acto también participaron los obispos españoles que, previamente a mediodía, tuvieron un encuentro con el Santo Padre en la sede de la Conferencia Episcopal Española.
El acto estuvo marcado también por la dimensión vocacional con la asistencia de numerosos seminaristas, a quienes -y a toda la comunidad cristiana- animó a vivir la vocación desde la entrega y la esperanza.
La celebración concluyó con la bendición apostólica impartida por el Santo Padre, que invitó a los presentes a continuar viviendo estos días con espíritu de oración, esperanza y comunión.